Mucho se ha hablado sobre la aceleración de uso, manejo e interacción en plataformas digitales a raíz de la pandemia del COVID 19. Sin duda la gran mayoría de empresas, empresarios, emprendedores y todo aquel en torno a negocios, ha tenido que incorporar más rápidamente mecanismos, para poder impulsar sus productos y servicios, en formatos que teníamos mucho tiempo conociendo, pero que quizás, no nos habíamos tomado el tiempo para incorporar en los planes y la operatividad.

Este gran paso, ha incrementado de manera notoria, la cantidad de conversaciones, contenidos pensamientos que día a día las personas tienen en torno a una persona, marca o empresa. Con ello la necesidad por construir, mantener y fortalecer nuestra reputación, ha subido un escalón y ha dado paso a que la Reputación Digital, deba monitorearse, analizarse y conocerse más que nunca.

Tener o no redes sociales, ya no es sinónimo de tener un bajo perfil. El solo hecho de tener una marca y que hayan personas que consumen sus productos y servicios, indistintamente de si contamos con plataformas de comunicación para dar a conocer información o interactuar, no evita que existan conversaciones en el mundo digital y precisamente esa es una de las primeras premisas que debemos entender. Querramos o no, ya el mundo nos arropó y todo es público, por lo que poder tener data real, medida y analizada a tiempo, se convierte en un driver obligatorio para poder operar.

Hablar de Reputación Digital, es entender más allá de quienes hablan de ti o tu marca, es entender el entorno del que eres parte, ese ecosistema con expectativas e intereses, que uno debe escuchar para crear e implementar estrategias de acuerdo a la percepción que se ha construido. Incluso se convierte en insumo vital para enfrentar momentos de crisis.

Veamos un ejemplo. ¿Conoces el caso de la tienda de Burger King en EEUU que decidió decorar su tienda con un ambiente navideño en el mes de julio? Bajo el lema Anticipamos la Navidad para ver si el año termina pronto”, esta empresa escuchó a su audiencia, la analizó y decidió lanzar una campaña disruptiva, para acercar a más consumidores, bajo el entendido de un 2020 un tanto movido. Sin duda una estrategia arriesgada, pero focalizada en escuchar, analizar y entender lo que sus clientes esperan.

Este es uno de tantos ejemplos que existen. Algunos atados a campañas, otros a productos, otros en servicios e incluso en entender quienes son los detractores de una marca o empresa. La clave al final reside en demostrar la importancia y valor de la Comunicación Digital, como aporte a la reputación integral de una empresa que permite enfocar la Estrategia Integral de una manera más aterrizada y adaptada a lo que ese gran océano está buscando, pidiendo o elevando.