El control razonable de la expansión del COVID-19 en el territorio nacional, la necesaria reanimación de la economía y del aparato productivo, la gerencia acertada de una transición progresiva del conjunto de las actividades hacia un “nuevo normal” y la evolución incierta del tema político-institucional; parecieran ser los hitos más notorios que determinarán la agenda país en el corto y mediano plazo en Venezuela.  Ello sin despreciar cualesquiera otros elementos no visibles aún pero de peso que puedan sumarse en el trayecto.

Tal cúmulo de obstáculos y las inevitables consecuencias de todo tipo que de los mismos se deriven: negativas, neutras o positivas, pondrán a prueba, una vez más, las capacidades de resiliencia de los ciudadanos, familias, comunidades y, muy particularmente, de las empresas que aún operan y conservan o pueden reconstruir cierta capacidad de reacción frente a las adversidades que condicionan la actividad privada industrial, de servicios y comercial en el país.

Ante este contexto de mayor complejidad, volatilidad, ambigüedad e incertidumbre; la reiterada pregunta que deben formularse las empresas es: ¿qué prever o considerar para coexistir, en primer término, y, en segundo lugar, para avanzar en mejores condiciones productivas y de eficiencia ante esta cambiante realidad y así poder seguir ambicionando un futuro mejor?

Desde nuestra perspectiva consultora especializada en estrategia y comunicación, resulta obligante realizar y actualizar con la frecuencia requerida los ejercicios de riesgos (debilidades, fortalezas, oportunidades y amenazas), pero bajo la perspectiva de determinar los habilitadores e inhibidores que juegan a favor o en contra de la sostenibilidad y, más importante, con la permanencia del negocio en el futuro. En otras palabras, gestión inteligente y contingente del corto plazo asociada con una estrategia de largo plazo para permanecer en el tiempo. Y cómo ser efectivo en la comunicación interna y externa del proceso ante las audiencias clave que lo apoyen.

Reconocer periódicamente dónde se está parado es fundamental para poder establecer una hoja de ruta y de desempeño que oriente la gestión y la acción empresarial, pero con la suficiente flexibilidad y capacidad asertiva que sea capaz de tener siempre muy claro las variables que pueden o no controlarse para determinar el “margen de maniobra” frente a la cambiante realidad y, en consecuencia, determinar el grado de dependencia o independencia para la actuación. El error de apreciación siempre estará determinado por “una mala interpretación de la realidad”.  Si se interpreta incorrectamente la realidad, se valora mal y ello conduce a la tomar malas decisiones. Por el contrario, si se rastrea y valora correctamente, el espacio para tomar decisiones acertadas será más amplio pero también exigente de cara a la posibilidad real de tener éxito en los negocios.

Sin embargo, el ejercicio de riesgos resultaría todavía insuficiente en tiempos de pandemia, cuarentena y de reto y coexistencia progresiva con un “nuevo normal”, si dentro de la identificación del margen de maniobra no se contemplan variables adicionales como: capacidad de adaptación o reinvención del negocio -según sea el caso-  a la nueva realidad emergente, tomando muy en cuenta  los nuevos hábitos y necesidades de los consumidores y, por ende, la identificación de nuevos nichos de mercado o de negocios dónde incursionar.

Por otro lado, es necesario pasearse por aplicar la llamada regla del 80-20 en el ámbito de la innovación entendida como “la mejor traducción de la creatividad en oportunidades para agregar valor”. Esta regla supone que “en entornos de alta incertidumbre como los que estamos atravesando y los que vendrán, las empresas deben enfocar el 80% de su tiempo y recursos en la continuidad operativa, mientras que el 20% restante se sugiere enfocarlo en la innovación para poder afrontar las nuevas realidades y lograr sostenibilidad en el tiempo”.  Por lo que entusiasmar al talento humano constituye otro reto fundamental en esta hora de cambios y evoluciones.

Adicionalmente, el poder estimular altas dosis de creatividad, entendida como “la capacidad de asociar cosas que anteriormente estaban desconectadas” y así darle forma a un esfuerzo consistente de innovación y de conectividad de trabajo al recurso humano, resulta indispensable para avanzar en estos tiempos complejos.

Tampoco estará demás pasar este tipo de ejercicio por los cuatro focos naturales de gestión que son inherentes al giro operacional de las empresas: gestión de marca, gestión de gente, gestión de expectativas sociales y gestión de riesgos propiamente dicho.

Como vemos, a los ejercicios de riesgos hay que agregarles nuevas variantes e ingredientes como algunas de los mencionados, para poder focalizar con mayor precisión la anhelada hoja de ruta que permita ir cabalgando sobre las bases de gestión del corto plazo en una estrategia sostenible de largo plazo. Por lo que el verdadero reto, en síntesis, es moverse a la velocidad que imponen los cambios.