Por: Luis Indriago, para la revista Business Venezuela

 

Las audiencias, los temas, los medios de producción y de difusión de la información han cambiado mucho en un siglo, pero particularmente en los últimos 25 años. El virus de la pandemia sumó otros intrusos, como las fake news, que han debilitado la confianza, uno de los signos vitales de la práctica del periodismo.

 

El periodismo pudiera dejar de llamarse de esa manera. En estricto sentido, el concepto refiere al ejercicio de documentar y contar lo que ocurre en un espacio de tiempo regular. En inglés, los términos journalism o journalist refieren más claramente a que ese período es de un día.

La velocidad con la que vive el mundo, borró esa noción. Como sostuvo el arquitecto y filósofo francés Paul Virilio, la virtualización ha hecho que todo suceda en tiempo real. “En un futuro muy cercano, nuestra historia sucederá únicamente en tiempo universal, que es el resultado de la instantaneidad”1.

Resultaría imposible encontrar en cualquier ciudad del mundo una persona dispuesta esperar hasta el día siguiente para saber qué pasó en su barrio. La televisión nos acostumbró a conocer, mejor aún, a ver la noticia “en vivo, en directo”. Ahora los medios basados en Internet nos informan “en tiempo real”. Así pues, el periodismo podría rebautizarse como continuismo, porque no hay un período regular (diario) para entregar el producto informativo. Inmediatismo, podría ser otro nombre, porque podemos enterarnos (casi) de inmediato de lo que sucede.

Un veloz recorrido por la historia del periodismo

En este contexto, salvo su denominación, el periodismo ha cambiado mucho, especialmente a partir de la segunda parte del siglo XX. Incluso un poco antes, durante la Segunda Guerra Mundial, la crónica militar tuvo su mayor esplendor en medios impresos, y excepcionalmente en la radio. Con ella vino también la propaganda, antecedente tímido de las fake news que vinieron junto a la postverdad de estos tiempos.

La tecnología, a lo largo de la historia, ha influido en la forma de difundir la información y el conocimiento. Primero fueron los soportes: la piedra, el papiro, el pergamino, el papel. Luego la imprenta, como forma de reproducción y multiplicación de contenidos, llegó a ser tan determinante, que, al proceso de buscar, escribir y contar noticias, se le denominó genéricamente <>, adoptando el mismo término de la máquina que hacía posible su impresión. La electricidad, la radiodifusión y la cinematografía fueron luego fases preparatorias para lo que sería el periodismo televisivo de finales del siglo XX.

En tanto, los impresos mantenían su predominio. Como referencia, se estima que en los años cincuenta la cobertura de diarios en los hogares de Estados Unidos era de 127%. Eso significaba que cada hogar recibía más de un periódico cada día. En el año 2000 el porcentaje de cobertura había bajado a la mitad (55%). En 2012 se estimaba solo en 33%2.

Según cifras de Pew Research Center, la cantidad de ejemplares que circularon cada día en Estados Unidos en 1950 fue de 53,83 millones. Aumentó hasta llegar a su punto máximo de 62,82 millones de ejemplares en 1987, y comenzó a decaer a 55,77 millones en el 2000 y a solo 24,30 millones en el 20203.

Si los años ochenta fueron para el periodismo impreso su mejor momento, para el televisivo fueron los noventa. Espacios como Dateline (NBC), 20/20 (ABC) o 60 Minutes (CBS), llenaban las salas de televisión de los hogares americanos, hasta que surgió CNN para mostrar la Guerra del Golfo Pérsico con todo su estruendo.

Pero casi al mismo tiempo, en 1989, un revolucionario invento, la World Wide Web, y con ella el lenguaje de programación HTML (siglas en inglés de HyperText Markup Language), actuó como interfaz gráfica que enriqueció con imágenes y espacios distribuidos en pantalla los aburridos textos enlazados que constituían la Internet hasta ese momento.

“De eso se trata la World Wide Web: de metamorfosear a la pantalla en un nuevo soporte gráfico. La Web permite avizorar -desde los primeros intentos pioneros en 1993/4- a la pantalla convertida en un nuevo soporte intelectual, como lo fueron en un momento la memoria de los griegos antes de la invención de la escritura, la inscripción en piedra o en cera, el papiro, el pergamino y el papel y, más recientemente, los soportes foto y cinematográficos”4.

Pandemia: aceleradora de cambios en el periodismo

Luego de recorrer una quinta parte del siglo XXI, a la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 se le ha otorgado el poco honroso atributo de catalizador de cambios en múltiples órdenes de la vida. Uno de ellos, el periodismo.

El Digital News Report 20215 que realiza Reuters Institute junto a la Universidad de Oxford, hace una descripción de la situación actual del periodismo en el mundo.

“La crisis, con sus confinamientos y demás restricciones, ha acelerado el declive de los periódicos impresos”, afirma de entrada. Pero también hace el matiz de que “la crisis también ha mostrado el valor de la información rigurosa y fiable cuando hay vidas en juego. En varios países vemos a las audiencias volcándose hacia las marcas confiables y atribuyendo mayor confianza a los medios en general”.

El reporte no solo brinda detalles sobre el estado del periodismo en Estados Unidos y Europa, sino que recoge datos de seis continentes y 46 mercados, entre ellos, por primera vez, información sobre India, Indonesia, Tailandia, Nigeria, Colombia y Perú.

La confianza, un signo vital de la salud del ejercicio periodístico

La confianza es un valor esencial para el periodismo. Va asociada a conceptos como veracidad, credibilidad y oportunidad. De allí que sea foco de atención por diversas investigaciones. Una de ellas es el Trust Barometer de la red global de agencias de relaciones públicas Edelman. En su estudio 2021 reflejó un incremento en su índice de confianza para los medios periodísticos en 15 de los 27 países en los que se hace el estudio de opinión, comparado con el año anterior6.

Un hallazgo de Edelman en la consulta de este año refleja un incremento promedio de seis puntos porcentuales en la confianza en las noticias durante la pandemia. Esto pareciera sugerir cierta correspondencia con el del Reuters Institute, aunque la metodología y objeto de ambos estudios no sean comparables.

Algunas hipótesis se ensayan como favorecedoras de esta percepción. Una de ellas es la necesidad de una gran parte de la población de tener certezas que compensen tantas incertidumbres generadas por y durante la pandemia; desde el origen mismo del coronavirus, pasando por su causalidad (natural o creado en laboratorio) y sus innumerables efectos sobre las personas y los sistemas de relación y producción.

Otra razón para el incremento de la confianza en los medios pudiera ser la que inspira la cobertura periodística de la propia evolución de la enfermedad. La constante referencia a cifras (número de pruebas positivas, porcentaje de uso de recursos médicos, número de fallecimientos) y hechos concretos (medidas de gobiernos, información científica) se han sobrepuesto a teorías conspiratorias y tendencias contrarias como las que protagonizan los oposicionistas a las vacunas.

Así pues, la pandemia pudiera representar una oportunidad para que el llamado periodismo de datos encuentre nuevas y más sólidas plataformas como las que ha ido ganando en la última década de la mano de medios que favorecen la investigación de datos, movimientos que promueven el acceso a datos de dominio público y la transparencia en la actuación de empresas de capital privado, así como la proliferación de herramientas de infografía y representación de datos que pueden ser fácilmente incrustados en páginas web, blogs y similares. O pueden ser exportados como imágenes a impresos.

Sin embargo, el periodismo de datos tiene su lado oscuro. También se confunde con prácticas de desinformación, producción de contenidos falsos o tendenciosos, basados en la interpretación de datos (metadata) de navegación y consumo de noticias por parte de los usuarios de medios y redes sociales que permiten el direccionamiento de contenidos digitales tendenciosos. No obstante, el Barómetro de Confianza de Edelman sugiere que la fuente de mayor desconfianza en los medios está relacionada con la cobertura de política y asuntos sociales. El 61% de los consultados en 27 países estuvieron de acuerdo con la afirmación de que los medios de comunicación no lo están haciendo bien respecto a la objetividad y a la imparcialidad. Casi con el mismo porcentaje (59%) también estuvieron de acuerdo en que la mayoría de las organizaciones de noticias están más preocupadas por apoyar unaideología o posición política, que por informar al público, o que la mayoría de los periodistas y reporteros tratan deliberadamente de engañar al público diciendo falsedades o exageraciones7.

Del papel a las pantallas

Durante 2020, coincidiendo con la pandemia, las cifras reflejaron también un cambio en las tendencias de consumo de información por medios o canales, privilegiando los medios digitales y rescatando el consumo de noticias televisadas.

Pew Research Center, citando a la consultora Comscore, cuantificó que el promedio de visitantes únicos mensuales del cuarto trimestre de 2020 a los principales medios digitales de Estados Unidos (los que superan 10 millones de visitas al mes), fue de 32,1 millones. Un aumento del 11% sobre los 29 millones de visitantes que recibieron esos sitios en 2019.

En la televisión de Estados Unidos, las noticias transmitidas por estaciones locales afiliadas a las cadenas ABC, CBS, Fox y NBC vieron aumentar su audiencia en un promedio de 4% en 2020 entre las 4 p. m. y 7 p. m, y a medianoche (11 p. m. – 2 a. m.), no así en el prime time, que decreció 5%.

Reuters Institute y Oxford University también destacan que se mantiene fuerte el uso de redes sociales y plataformas de mensajería como WhatsApp y Telegram para consumir noticias, lo cual pareciera haber favorecido la propagación de desinformación sobre el coronavirus y sobre temas social y políticamente sensibles.

Queda visto que el periodismo, la forma de ejercerlo y los medios para aprenderlo y practicarlo, se modifican retando peligros que se gestan dentro del mismo universo periodístico, como la producción de las fake news, o los que se derivan de las fisuras que presentan numerosos modelos democráticos en diversas partes del mundo.

Si bien el coronavirus aceleró o facilitó cambios en la producción, distribución y consumo de noticias, la tecnología, la composición demográfica de las audiencias, los temas que son capaces de ganar espacio en la agenda informativa, han venido cambiando desde antes de la pandemia. Esta pasará como han pasado otras crisis epidémicas en la historia, pero dejará cambios perdurables en muchos órdenes. Uno de ellos es el periodismo.

 

El empleado de medios se hace independiente

En la pandemia los medios han visto disminuir dramáticamente sus ingresos por publicidad. Los que han adoptado esquemas de pago por entrega de contenido o suscripción, no alcanzan niveles suficientes para compensar por esta vía las crecientes pérdidas. Este hecho aceleró el desmantelamiento de redacciones en medios de todo el mundo. No obstante, la tendencia en ese sentido ya venía ocurriendo. Según Pew Reseach Institute, desde 2008 las salas de redacción de medios en Estados Unidos han perdido 26% de sus empleados. Eso incluye reporteros, redactores, editores, analistas, fotógrafos y camarógrafos, operadores y técnicos8.

 

1. Virilio, P. (1995). Velocidad e información. ¡Alarma en el ciberespacio! Recuperado de https://www.infoamerica.org/teoria_textos/ virilio95.pdf  2 http://media-cmi.com/downloads/CMI_Discussion_Paper_Circulation_Trends_102813.pdf  3 https://www.pewresearch.org/journalism/fact-sheet/newspapers/ 4 Piscitelli, A. (2002). Ciberculturas 2.0: En la era de las máquinas inteligentes. (p 155). Buenos Aires: Paidos.  5 https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/2021-06/Digital_News_Report_2021_FINAL.pdf 6 https://www.edelman.com/trust/2021-trust-barometer 7 Edelman Trust Barometer… 8 https://www.pewresearch.org/fact-tank/2021/07/13/u-s-newsroom-employment-has-fallen-26-since-2008/