¿Cuánto puede costar el uso inadecuado del humor en una declaración de un vocero que busca caer bien a su audiencia? En este caso, el costo fue muy bajo, pero pudo ser peor.

Por Luis Indriago – Consultor Senior


La prensa de negocios en el mundo recogió lo que el martes 23 de noviembre dijo el CEO de J.P. Morgan sobre China. Al referirse a la presencia de su compañía en ese país afirmó: “Esperamos estar allí por mucho tiempo… El partido comunista está celebrando su centenario. También J.P. Morgan. Y apuesto que nosotros duraremos más”.

Efectivamente, JPMorgan está operando en China desde 1921, el mismo año de la fundación del partido.

Considerando lo que representa Jamie Dimon, una afirmación como esta sorprende debido a que algo así no es de esperarse de un vocero, que debe estar consciente de las consecuencias de cualquier declaración.

El chiste no solo supuso poner en riesgo el negocio actual, sino futuras inversiones en China. JPMorgan Chase Bank (China) Co. operaba ocho sucursales con 61,3 mil millones de yuanes en activos para fines de 2020, aunque prensa financiera especializada calcula en $20 billones su exposición al riesgo. En este monto se incluye la propiedad total de JPMorgan Securities (China) Ltd, la de JPMorgan Futures Co. y la propiedad parcial de China International Fund Management Co.

Pero no solo fue lo que dijo el CEO de la compañía, si no dónde lo dijo. Ocurrió durante un panel de discusión en el Boston College Chief Executive Club, uno de los foros de negocios más influyentes de Estados Unidos. De modo que no era de esperarse que fuese un chiste privado. Después vino el control de daños. Me arrepiento y no debería haber hecho ese comentario, dijo Dimon en un comunicado del banco. Estaba tratando de enfatizar la fortaleza y longevidad de nuestra empresa. Buen argumento, considerando que ambos son atributos apreciados en las culturas orientales. Tal vez por eso fue calificado como “reflexión sincera” por parte de un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, que se apresuró en ponerle punto final al asunto cuando implícitamente solicitó a los medios al menos en los que tiene influencia a “dejar de promocionar el tema”

. Dimon se aseguró de que su disculpa fuera bien comprendida. En una segunda declaración más tarde afirmó: Nunca es correcto bromear o denigrar a un grupo de personas, ya sea un país, su liderazgo o cualquier parte de una sociedad y cultura.

Las consecuencias pudieron ser peores, porque lo dicho en ese foro de Boston no fue solamente un chiste. Al hablar de China tocó también el espinoso tema de Taiwan, que tanto incomoda a la cúpula del poder en Beijing. Dimon señaló que no conoce a nadie que piense que algo va a salir mal en Taiwán. Una frase que fue entendida por los analistas como la desestimación de la probabilidad de una intervención militar china en este territorio insular. Una intervención china, advirtió, podría ser su Vietnam. Lo que también pudo entenderse como una infravaloración de su poderío militar.

Una semana después del chiste y de la referencia al serio tema militar parece no haber consecuencias. El costo que pudo tener la intervención del CEO de J.P. Morgan en un foro de negocios en Boston pudo ser elevado, no solo en lo financiero, sino hasta en lo geopolítico. Las consecuencias que pueden tener las palabras de un vocero no siempre son bien ponderadas. Presidentes como Donald Trump o Enmanuel Macron se metieron en aprietos por ligerezas frente a un micrófono, por eso la prudencia es mejor consejera al momento de y el humor aplicado cuando la circunstancia no lo amerita.