El panorama mundial respecto a la pandemia generada por el virus COVID-19 no vislumbra una pausa cercana a los retos sociales, económicos y empresariales que ha generado. Los distintos actores sociales como la sociedad civil, entes públicos, Organizaciones No Gubernamentales y el sector privado han tenido que enfrentarse a cambios, que, si bien ya venían desarrollándose, la pandemia los ha acelerado bruscamente.

Las formas de hacer las cosas no son ni deben ser las mismas, la pandemia nos ha obligado a repensar el papel que jugamos en la sociedad. La vieja concepción de la empresa como una organización destinada únicamente a la generación de capital económico ha quedado atrás desde hace años y el COVID-19 ha acelerado la transición hacia el “capitalismo de los stakeholders”. Hoy en día se espera que las empresas generen capital económico, social y cultural; y los que no comprendan ni asuman esta transición serán duramente penados por los consumidores.

La pandemia ha expuesto la razón social de las empresas. Los programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) han sido el foco de muchos Medios de Comunicación y RRSS. Alimentación, salud, transporte, viviendas, bienestar psicológico… son muchos los ejemplos de RSE que podemos tomar en cuenta. Pero hay un asunto que ha pasado desapercibido para algunas organizaciones, principalmente por la rápida y repentina expansión del virus, me refiero el accountability.

Hacer RSE sin demostrar el alcance y utilidad para sociedad, no asegura una contribución al desarrollo sostenible. Un abordaje a las necesidades visibles de las comunidades o individuos de interés sin comprobación del impacto social es equivalente a labrar en terreno árido. Diagnosticar, planificar y medir, por el contrario, son las mejores garantías al hacer RSE con un propósito e impacto real.

A continuación, les presento tres pasos fundamentales para tener en cuenta durante y después de la aplicación de programas sociales:

1. DEFINIR EL PROPÓSITO

Las necesidades sociales son en su mayoría fácilmente detectables, pero identificar las causas de estas no es tan sencillo. Para que la RSE tenga un impacto real debe enfocarse en abordar las causas de los males sociales. Un proyecto de alimentación y nutrición puede sin duda contribuir con la salud de una comunidad de interés; pero un programa de formación y empleo generaría un impacto a largo plazo, proveyendo de ingresos sostenibles a los beneficiarios con los que pueden comprar alimentos.

La clave de un proyecto social tenga un impacto es identificar las causas del problema, dándole con eso propósito al proyecto y reforzando las relaciones con los stakeholders (internos o externos) a largo plazo. Este propósito u objetivo planeado debe procurar ser medible, cuantitativa o cualitativamente, ya que de eso dependerá el seguimiento y medición de los resultados.

2. PLANTEARSE UN CONTRAFACTUAL

¿Se han preguntado qué hubiera pasado si no se habría realizado el proyecto? El contrafactual busca dar respuesta a eso. Al comenzar un proyecto social se debe partir de un diagnóstico que describa las condiciones iniciales. En el ejemplo de un proyecto de alimentación, las variables a seguir deberían mostrar el estado físico de los beneficiarios (peso, masa corporal…), datos demográficos (edad, genero, sexo…) y variables contexto (comidas al día, composición de las comidas, proporción de las comidas…); todos estos datos describirían el ahora. El contrafactual es la estimación del cómo se habrían desarrollado los beneficiarios sin una intervención.

No es sencillo realizar estimaciones, para eso se tendría que contar con meses o años de recopilación de datos. La realidad es que muchas empresas no poseen esa información, pero hay instituciones que sí, y con las debidas alianzas es posible acceder a estos. En el caso que no se tenga acceso a la información, se pueden tomar referencias, ubicar comunidades en otros lugares con las mismas condiciones y necesidades, para ser tomadas como un ejemplo contrafactual.

3. SEGUIMIENTO ANTES Y DESPUÉS

Los objetivos de un proyecto deben tener un plazo de cumplimiento, para realizar una pausa o ver los resultados de la RSE. En el actual contexto, el fin de la pandemia puede ser un punto final, pero dado el nivel de incertidumbre es recomendable establecer fechas, para seguimiento o para finiquitar el proyecto.

Una vez llegado a esa fecha planteado, se debe volver a realizar un diagnóstico (aunque también es recomendable realizar algunos de seguimiento durante la implementación). Al comparar el antes (diagnóstico inicial) con el después (último diagnóstico) se podrá visualizar el desarrollo de las condiciones de los beneficiarios, y si además comparan el contrafactual (estimación de las variables sin intervención) se evidenciará el impacto generado por el proyecto.

La diferencia del contrafactual y el último diagnóstico es la evidencia del impacto. Tal como se muestra en la siguiente gráfica que ejemplifica un proyecto de nutrición:

 

Hay muchas metodologías para la medición del impacto social, esta (del antes y después) pertenece a las no experimentales, por no aplicar métodos estadísticos. Sin embargo, este método es ideal para aquellos que ya comenzaron un proyecto y quieren llevar un seguimiento de este, también es adaptable para contextos de emergencia, porque no implica la exclusión de un grupo (lo que sí pasa con los métodos estadísticos, ya que estos requieren de un grupo de comparación a los que no se les incluye en el proyecto).

Sea cual sea el propósito y la metodología, la importancia radica en la medición de los resultados.