Por Luis Indriago


La democracia se debilita en el mundo mientras el autoritarismo se fortalece. La edición 2021 del Democracy Index de The Economist Intelligence Unit así lo registra. En los cuatro tipos de regímenes en los que categoriza a 165 estados y territorios, como democracias plenas solo cuenta a 21 de ellos; otros 53 presentan democracias con debilidades, pero 59 se caracterizan como autoritarios, quedando 34 como regímenes híbridos, que son democracias defectuosas con visos dictatoriales.

Si la cuenta se lleva según la población, el panorama es más significativo. Solamente el 6,4% de la población mundial vive en democracia, mientras, en el otro extremo, 37.1% de la gente en el mundo vive bajo regímenes autoritarios. Casi la mitad (54,3%), si se le suma la población bajo regímenes híbridos.

América Latina no es la excepción. En términos de la cultura política y del respeto a las libertades civiles, la región está por debajo del promedio mundial. De hecho, en 2021 mostró el peor comportamiento desde que el Democracy Index comenzó en 2006. Cinco países descendieron en el ranking. Solo uno, -Guyana- mostró una mejora en la posición, aunque en términos generales, República Dominicana y Uruguay también mostraron avances en sus índices individuales, pero no suficientes para escalar.

Chile pasó de ser una democracia plena en 2019, a una defectuosa; Ecuador, México y Paraguay perdieron su condición de democracias defectuosas y ahora se designan como regímenes híbridos; y Haití cambió de régimen híbrido a autoritario.

En Centroamérica destaca positivamente Costa Rica, en el puesto 20 del ranking mundial, que se mantiene como la única muestra de democracia plena. Le siguen Panamá, 28 puestos detrás, y República Dominicana, en el lugar 60, aún como democracias débiles.

El Salvador, Honduras y Guatemala constituyen muestras de regímenes híbridos, y ya en la categoría de autoritario, se incluye a Nicaragua, solo dos posiciones por encima de Cuba. Venezuela tiene el poco honroso puesto de cerrar el cuadro latinoamericano como el país más autoritario de la región.

El reporte de EUI merece un examen profundo. La primera lectura de las variables que considera la metodología de análisis para construir el índice muestra que a pesar de que se realizan elecciones, y hay mecanismos de participación ciudadana, la cultura política es muy débil y es lo que empuja hacia abajo el desempeño democrático. También lo es el funcionamiento de los gobiernos, que no satisfacen las expectativas y necesidades de la población. Allí parece estar el reto de las instituciones que fomentan la democracia. No bastan acciones ciudadanas, si ellas se realizan sin que se sustenten en la comprensión de nociones básicas de democracia.

En síntesis, no basta votar para elegir gobiernos que no funcionan, para luego participar en protestas que denuncian sus fallas, sin comprender que la misma democracia debe ofrecer mecanismos de reparación. El resultado es que el mundo, y nuestra región en particular, va en contravía y se dirige hacia el autoritarismo.