Por Carmen Rosa Gómez – Consultora Senior


En palabras de Octavio Paz “lo que ignoramos es lo innombrado”. Por eso los seres humanos sentimos la necesidad de nombrar las cosas para sacarlas de ese abstracto que es lo desconocido con el fin de asirlas y tratar de entenderlas. Es esa misma necesidad la que nos ha llevado como sociedad a tratar de denominar lo que ocurre en el entorno, para así estudiarlo, entenderlo y poder desenvolvernos.

Si carecemos del conocimiento mínimo de lo que pasa la incertidumbre nos genera angustia, pues se vuelve cuesta arriba hacerle frente a la coyuntura y actuar. En muchas ocasiones esa angustia se traduce en parálisis, lo que puede tener serias implicaciones, especialmente si lo consideramos desde el ámbito empresarial.

Todo esto no los podemos ver aislado de un término que, si bien se usa desde hace varias décadas y bajo diversas ópticas, apunta en esta dirección: la inteligencia contextual, que es esencialmente el intento por comprender lo que nos rodea mientras se capta información de valor para utilizarla en ese tránsito por lo que estemos viviendo. Es, de alguna manera, una habilidad para adaptarse con sentido práctico, algo de alto valor para evitar la parálisis y afinar la capacidad de decisión en los tiempos que corren.

Cambios acelerados

La necesidad de comprensión de lo que nos rodea hizo que en pleno siglo XX se adoptara el acrónico VUCA como el descriptor del mundo complejo y ambiguo que entonces se abría paso. Verbalizar que vivíamos marcados por la volatilidad, la incertidumbre (uncertainty en inglés), la complejidad y la ambigüedad de las circunstancias ayudó a muchos a entender el momento y a prepararse estratégicamente para el futuro.

Pero estamos en constante y acelerada transformación, por lo que la fórmula VUCA ya quedó en el pasado ante el mundo caótico en el que nos toca desempeñarnos hoy, aun con sus formas laberínticas.

Por eso se requieren nuevas herramientas para este entorno frágil, de ansiedad, no lineal e incomprensible al que han denominado BANI (por su acrónico en inglés). Jamais Cascio, especialista en el desarrollo de escenarios futuros, plantea varias cualidades que se pueden desarrollar en el mundo BANI, como -por ejemplo- ser:

  • Resilientes frente al suelo quebradizo en el que nos movemos.
  • Empáticos ante la zozobra constante.
  • Flexibles dado que los cambios no muestran lógica alguna.
  • Intuitivos y analíticos ante lo incompresible.

Estos elementos parecen ir de la mano con las condiciones que algunos expertos identifican en el desarrollo de la inteligencia contextual para tratar de empatizar con la situación presente y adaptarse adecuadamente.

La caja de herramientas

Para Tarun Khanna, profesor en Harvard Business School y autor de varios estudios, la inteligencia contextual es la habilidad para entender los límites de nuestro conocimiento para adaptarlo a un ambiente diferente del que se desarrolló.

Desplegar esta habilidad demanda capacidad de análisis, que se construye a partir de la observación y de la escucha permanente para obtener conocimiento del entorno y de la propia experiencia. Implica además saber combinar adecuadamente la valoración de lo obtenido de los hechos que marcaron el pasado y de las variables clave del presente con el sentido intuitivo para construir, desde estas bases, una mirada del futuro.

Un punto fundamental en este ejercicio de pensamiento crítico es entender que hay múltiples puntos de vista y hay maneras diversas de hacer las cosas, por lo que se deben explorar e interconectar ideas para lograr una perspectiva amplia y así avanzar en la toma de decisiones. De allí el valor de la inteligencia contextual, pues no solo nos permite asir el momento que nos toca para intentar comprenderlo y superarlo, sino que además -en medio de tanta volatilidad- nos conecta con otros y con nosotros mismos, pero esto último ya será tema para una próxima publicación.