Es ampliamente sabido que la comunicación efectiva de un vocero se sostiene tanto en el lenguaje verbal como en el no verbal. Sin embargo, sobre este último recientemente se han encendido los reflectores debido al repunte del uso de plataformas digitales para mantener el intercambio y la actividad en el aislamiento social aplicado como medida de contención de la expansión del COVID-19, lo que parece haber dejado de lado la importancia de las palabras.   

De hecho, quizá por la presión de hablar frente a una cámara para compensar la falta del contacto directo interpersonal, muchos han redoblado la preocupación por los fondos de pantalla que los acompañarán en sus intervenciones y por los gestos en medio de sus conexiones por Internet, haciendo que la balanza se incline hacia el lenguaje no verbal.

Si bien esto es importante y necesario si el vocero quiere tener un buen desempeño no puede ser el único elemento que debe cuidar. Quienes solo se hayan dejado llevar por estas inquietudes visuales de las teleconferencias tienen que regresar a la ecuación inicial que marca el ejercicio de un buen vocero: atención a lo que dice y a cómo se dice. De allí que también deban readaptar su discurso a los retos de la “nueva realidad”.

El vocero tiene que estar alerta a la posibilidad de que factores tecnológicos interrumpan su línea discursiva, por lo que cobra mayor fuerza la necesaria construcción de mensajes cortos, con ideas claras y concisas. Además, oportunamente el vocero debe recapitular estas ideas para reforzar el ciclo natural de la comunicación, verificando que los mensajes hayan llegado a su audiencia.  Pero la atención al uso de las palabras debe ir más allá.

La comunicación solo es posible si se logra el puente de unión. Esto implica que los mensajes deben ser construidos con el lenguaje acertado, es decir, con palabras que tengan un real significado para el público, sin connotaciones inadecuadas o inexactas.

Las palabras despiertan reacciones en las personas y eso no puede perderse de vista a la hora de construir mensajes, en especial al compartir información cuando tantos se sienten frustrados por el confinamiento, otros están abatidos por la incertidumbre, muchos están ansiosos por volver a la normalidad y otros tantos han experimentado pérdidas y situaciones dolorosas por causa del coronavirus.

Aun cuando se ha hecho cotidiana la circunstancia causada por la pandemia, la llamada “nueva realidad” se cimenta en la crisis y esto es algo que deben tener presentes los líderes de las organizaciones, de quienes siempre se esperarán mensajes consistentes con el momento y clarificadores para la construcción de expectativas.

De allí que el vocero debe tomar conciencia de las palabras que elige para referirse, por ejemplo, al momento actual, sin simplemente recurrir a fórmulas frías y prefabricadas como “la coyuntura”. Este es un ejercicio consciente para realizar por parte del vocero tomando en consideración la circunstancia comunicacional y el público, a fin de mantener un equilibrio entre la necesaria empatía con sus audiencias y sus objetivos comunicacionales.

Las palabras significan y en tiempos de crisis mucho más.