Claves para diferenciar filantropía empresarial, impacto social positivo, valor compartido, RSE, sostenibilidad y ASG

Por: Ana Cecilia Valera –  Consultora Senior

A diario vemos como la revolución del conocimiento, la evolución de los paradigmas empresariales, y la necesidad de aportar valor desde nuestras labores profesionales, han hecho que algunos conceptos como, sostenibilidad, criterios ASG, impacto social, y desarrollo sostenible, se pongan en auge; mientras otros, como, Responsabilidad Social Corporativa -o Empresarial- , filantropía empresarial, y valor compartido, pasen a ser confundidos o suplantados.

Es así que, buscando una forma de reducir la complejidad de este escenario, aportar valor a nuestros clientes, y como primera parte de una serie de contenidos relacionados, compartimos un breve marco conceptual que explica, diferencia, y conecta, cada uno de estos términos de forma práctica y sencilla:

1. El límite entre la filantropía empresarial y el impacto social

La filantropía empresarial, es un concepto muy extendido que por error a veces se confunde con la RSE. La principal diferencia es que, la filantropía empresarial no está alineada con los objetivos de la empresa, aunque está también aporta beneficios a la reputación empresarial, su verdadero objetivo es atender de manera desinteresada, un problema con el que la empresa –o muchas veces la familia empresaria- se siente identificada.

Por su parte, el impacto social tiene que ver con la contribución positiva que las organizaciones (públicas o privadas), pueden hacer a nivel interno y externo en las comunidades locales en las que operan. Entendiéndose desde el cambio que una determinada acción, actividad o política puede generar en las personas cercanas a la empresa.

Ejemplo de filantropía corporativa: todos los años, una empresa del sector de la alimentación, apoya las diversas acciones para la recolección de fondos de la “ONG para los niños con cáncer” de la comunidad donde opera.

Ejemplo de impacto social: una empresa que opera en una comunidad rural prioriza el empleo directo para miembros de la comunidad.

Es decir que, el límite entre la filantropía empresarial y el impacto social está en pasar de la actuación desinteresada, al interés de contribuir socialmente desde la dimensión empresarial.

2. La diferencia entre impacto social positivo y el valor compartido

Mientras el impacto social positivo, busca el beneficio colectivo de un grupo social mediante el impulso de una actividad productiva; el valor compartido, se fundamenta en el modelo de negocio, y como este busca transformar los problemas sociales o desafíos que impactan en la actividad económica de la empresa, en progreso social para todos sus stakeholders, que a su vez procure el éxito empresarial a largo plazo.

Ejemplo de impacto social positivo: un negocio de alimentos que opera en una zona rural decide dotar a la comunidad de conocimiento y capacidad en materia de agricultura para que se convierta autosuficiente y sostenible. Esta comunidad genera y vende materia prima de alta calidad para el sector. Y el negocio compra estos productos obteniendo, entre otros beneficios, un salto de calidad en sus productos.

Ejemplo de valor compartido: una empresa del sector de la hotelería que opera en una comunidad rural de 7000 habitantes, crea un programa anual de capacitación sobre turismo y gastronomía abierto a toda la comunidad. Mediante esta acción, la empresa identifica al talento potencial para atender las necesidades del negocio, y los participantes adquieren herramientas y conocimiento especializado para su inserción laboral en el sector.

 

3. La comprensión del desarrollo sostenible y sus objetivos

Primero que nada, el desarrollo sostenible es la facultad de satisfacer las necesidades humanas en el presente sin comprometer la satisfacción de las necesidades futuras. Es decir, hablamos de considerar el impacto social (responsabilidad y ética de las operaciones) del uso de recursos –naturales o no-.

Para promover el desarrollo sostenible se han articulado una serie de esfuerzos conjuntos entre gobiernos, sector privado, y sociedad civil, que han sido incluidos en la agenda política internacional y la promoción de los 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Estos ODS, buscan despertar la conciencia pública, apoyando el uso de la tecnología, el conocimiento, y los recursos financieros, con el fin de que los países puedan dar seguimiento a estos temas, y los compromisos promovidos se transformen en acciones concretas a las que las empresas y ciudadanos se suman de forma voluntaria.

Ejemplo, ODS 12, producción y consumo responsable: El gobierno busca alcanzar la meta “de aquí a 2030, reducir considerablemente la generación de desechos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización”. Para esto, genera una campaña de concientización e incentivos que se extiende tanto a la sociedad civil como al sector privado, generando que, por un lado, la sociedad civil incorpore nuevas prácticas de reciclaje y reducción de desechos en sus viviendas; y que por otro, el sector privado introduzca nuevos protocolos para reducir y reutilizar sus desechos.

Dicho esto, el desarrollo sostenible se ha convertido en una pieza clave para gobiernos, empresas y ciudadanos, haciendo que los ODS no solo lideren la conversación del sector público, sino que también se conviertan en pilares para la construcción de empresas sociales, estrategias de RSC, sostenibilidad, y políticas de ASG.

4. La articulación entre la Responsabilidad Social, la sostenibilidad y los ASG

Ahora bien, la RSC o RSE es un concepto transversal que afecta a distintos ámbitos de gestión de la empresa, este concepto se ve motivado por una idea de “filantropía” en la que las empresas deben devolver, de alguna manera, parte de los recursos que reciben, mediante acciones que estén alineadas con los objetivos y la estrategia de la empresa, y que beneficien a empleados, accionistas, comunidades, medio ambiente y sociedad general.

La RSE suele fundamentarse a través de la construcción de iniciativas que incidan en el desarrollo sostenible, mediante las cuales, la empresa pueda aumentar la percepción positiva y la competitividad de su negocio, para influir en sus resultados financieros y fortalecer la relación con sus stakeholders. 

Entre la RSE y la sostenibilidad hay una delgada línea que se superpone y trabaja de la mano.

“Según la Comisión Europea de Responsabilidad Social Empresarial, la RSE se vincula al impacto de la empresa en la sociedad, y la sostenibilidad al impacto de esta en las esferas sociales, económicas y ambientales”. Siendo así, el componente social, esa línea que conecta la delimitación de ambos conceptos.

En el ámbito privado, hablamos de que un negocio es sostenible si alcanza sus objetivos de negocio sin comprometer recursos para el futuro, o si invierte parte de sus recursos en promover prácticas que beneficien la preservación o generación de dichos recursos.

Por su parte, los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), son un conjunto de regulaciones que inciden en la toma de decisiones empresariales. Más allá de los criterios financieros, los ASG buscan dar un salto cualitativo y cuantitativo que permite dotar a las empresas de transparencia e información relevante en materia de la inversión en activos, y resultados de acciones o proyectos vinculados a la empresa.

Los criterios ASG se materializan a través de la adopción de una política ASG: para la cual la empresa debe revisar y alinear tanto la creación de valor compartido, como las acciones en materia de RSE o sostenibilidad, ya que esta política influirá en la relación de la eficiencia operativa, el valor de marca, la cultura empresarial, el coste de capital, la gestión de riesgo, y se reflejará en la reputación empresarial, y en el rendimiento de los portafolios de inversión en los que la empresa esté presente.

Ejemplo: una empresa de textiles que opera en una comunidad rural y que tiene gran alcance internacional, delimita que dentro de sus compromisos con los objetivos de desarrollo sostenible, promoverá el comercio justo (ODS 8), y prácticas amigables con el medio ambiente y la utilización de recursos (ODS 6,13,14,15).

Para eso, dentro de su política de ASG ha delimitado una política de comercio justo para la selección de proveedores y la relación dentro de la cadena de valor, así como una política de preservación del medio ambiente para promover acciones vinculadas en la materia dentro de la organización y con sus stakeholders.

Para llevar alcanzar estos compromisos, la empresa ha impulsado una estrategia de sostenibilidad en la que a lo interno: se aplicaran nuevos procedimientos que permitan reducir el desperdicio de residuos, y la utilización de recursos naturales. Y a lo externo: promueva la relación con proveedores que cumplan los criterios vinculados a la política de comercio justo y preservación del medio ambiente.

En materia de RSE: se crearan programas de capacitación para proveedores, donde se les dotará de conocimiento y herramientas que permitan hacer frente a la generación de prácticas amigables con el medio ambiente, y buenas prácticas para aumentar de forma responsable, ética y transparente la rentabilidad y competitividad de sus servicios en el mercado textil (lo que además, permitirá fortalecer el valor compartido de la empresa). Y se procederá a transparentar la comunicación vinculada a la cadena de valor y el origen de los productos tanto en la memoria de RSE, como en las etiquetas relacionadas a los productos.

Fundamentos y responsabilidades claras

Hasta hace poco veíamos normal que al momento de materializar ideas y estrategias algunas empresas metieran “en un solo saco”. Todas las acciones que desde la empresa se realizaban en materia de bienestar social, económico o ambiental, y otorgaban toda la responsabilidad sobre los departamentos de RSE, sostenibilidad, o incluso lo externalizaran a las Fundaciones Empresariales.

Sin embargo, en la actualidad, se hace presente la creciente demanda de la profesionalización sobre estos temas, haciendo que las empresas tengan que aprender a delimitar estos conceptos, sus implicaciones, y actuaciones, para repartir correctamente esfuerzos y responsabilidades que permitan hacer frente a las expectativas de sus stakeholders y alcanzar las metas planteadas dentro de la organización.